Actualizado: 10:38am
19 de Noviembre de 2017

Posición 3

Noticias

Visitas: 7535

19 de Agosto de 2017

Comentarios:

Toda una vida entre la muerte

Veintitrés años tiene don Juan laborando como sepulturero en el Cementerio Nuestra Señora de Monguí.

Entre los laberintos que forman los panteones del Cementerio Nuestra Señora de Monguí, en Girón, han transcurrido los años de Juan de Dios Quesada Sierra… Lleva toda una vida enfrentándose a la muerte, siendo testigo del dolor ajeno.

Quesada es el sepulturero del pueblo, al menos así lo saludan muchos habitantes de Girón cuando ven pasar a ese hombre de cabello blanco y rostro ajado por el paso del tiempo.

Lleva 23 de sus 59 años ‘amurallando criptas’, enterrando y desenterrando muertos y conviviendo con las ánimas… Ya les perdió el miedo, para él es común escuchar los Padrenuestros a pesar de que al mirar a su alrededor no haya ‘ni un alma’.

“Miedo ya no les tengo, diariamente me encuentro solo por ratos, he escuchado varias veces a las ánimas, ellas son como un montón, como una procesión que empieza rezando el Padrenuestro y cuando va en la mitad suena un murmullo hasta que ya no se entiende nada”, expresó mientras recordaba sus anécdotas.

Legado 

Dicen que hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos, eso lo tiene claro Juan de Dios, quien viene de una descendencia de sepultureros, oficio que aprendió de su progenitor.

“Mi padre fue uno de los sepultureros más antiguos, duró 45 años, luego mi hermano 11 años y ahora yo, es como una tradición de familia, el día que yo entré me dio duro, fue difícil, aunque estaba acostumbrado”, agregó.

Tiene clara la fecha en la que comenzó a escuchar los lamentos de los dolientes despidiendo a sus muertos, “empecé a trabajar el 1 de mayo de 1994, mi primer día de trabajo fue un festivo”.

Desde entonces no ha parado, porque no importa si es festivo, si es una fecha especial para celebrar en familia… Nada. Cuando hay un muerto por sepultar ahí tiene que estar don Juan, presto a cumplir con su labor.

Se ha acostumbrado a ver la muerte, a sentirla y casi que a ‘palpar’ el dolor de los demás.  Muchos creerían que tantos años en este oficio ‘enfrían’ el corazón de un sepulturero, pero no es así, ama la vida, ama su trabajo y no niega que muchas veces, el corazón se le quiebra.

“Me da duro sobre todo cuando toca enterrar niños, eso es lo más doloroso, siento mucha tristeza, pero hay que hacerle la cara dura pa’ no ponerse a llorar”.

Para fortuna, a pesar de lidiar con la muerte, nunca ha tenido que sepultar a un familiar suyo, ni siquiera a su padre, quien siempre le aconsejó que no hiciera quedar mal el legado de los Quesada, “siempre me dijo, no haga mal su trabajo, respete a los muertos y a los vivos, no pelee con nadie”.

Eso ha hecho y desde hace años ha vivido de la muerte, labor con la que ha sacado adelante a su familia, conformada por su esposa y sus tres hijas… Sí, hijas, quienes ya no seguirán con la tradición, por eso, desde hace un año está entrenado a un amigo para que cumpla con esa labor, pues aunque casi nadie se le mida, alguien la tiene que hacer.

Mientras tanto, don Juan de Dios, a diario, recorre la cuadra que separa su casa del Cementerio, para cumplir con su trabajo… Ser Juan, el sepulturero.

Directorgironcity@gmail.com 

Comentarios

Gironcity.com no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito.